miércoles 9 de noviembre de 2011

JOSÉ SARAMAGO

..... Durante un instante la muerte se soltó a sí misma, se expandió hasta las paredes, llenó todo el cuarto, y se alongó como un fluido hasta la sala de estar contigua, ahí una parte de sí misma se detuvo a mirar el cuaderno que estaba abierto sobre una silla, era la suite número seis opus mil doce en re mayor de johann sebastian bach compuesta en cöthén y no necesitó haber aprendido música para saber que fue escrita, como la nona sinfonía de beethoven, en la tonalidad de la alegría, de la unidad de los hombres, de la amistad y del amor. Entonces sucedió algo nunca visto, algo no imaginable, la muerte se dejó caer sobre las rodillas, era toda ella, ahora, un cuerpo rehecho, por eso tenía rodillas, y piernas, y pies, y brazos, y manos, y cara que escondía entre las manos, y unos hombros que temblaban no se sabe por qué, llorar no será, no se puede pedir tanto a quien siempre deja un rastro de lágrimas por donde pasa, pero ninguna de ellas suya. Así como estaba, ni visible ni invisible, ni esqueleto ni mujer, se levantó del suelo como un soplo y entró en el cuarto... (Las intermitencias de la muerte)

Daría un montón de cosas por haber escrito yo solita algo así. Sólo por este párrafo, la vida de quien la ha escrito puede ya tener sentido. Gracias Saramago, porque disfruto leyéndote, porque casi muero en este manojo de palabras.

2 comentarios:

ana dijo...

jibooo o no actualizamos o no hacemos otra cosa darling!

Mme. Boulangerie dijo...

Cuando tengo un poco de tiempo aprovecho y pongo lo que tengo en mente, jamía... si pudiera aún hubiera hecho cuatro entradas más...