El mundo parece estar cambiando. La crisis hace que todo se replantee. Pero en este momento de oportunidades, nadie parece darse cuenta de uno de los grandes problemas que venimos arrastrando desde la prehistoria: más de la mitad de la humanidad es considerada como inferior que la otra parte. Es decir una mayoría vive sometida a una minoría.Hablo de las mujeres.
En todos los países, incluso en los más desarrollados, mujeres y hombres no están igualados ante la ley. En España, por ejemplo, una mujer tiene menos posibilidades de contratación en un puesto de trabajo, entre otras cosas porque está en la posición de desventaja, ya que ella tiene la posibilidad de cogerse una baja por maternidad de tres meses (y la cosa se repite con cada hijo que tiene).
Si abrimos la óptica a otras culturas y países la cosa empeora considerablemente. En todo el mundo, las mujeres mueren a manos de hombres porque consideran que son de su propiedad, no consienten una vida propia para ellas. La lista de desagravios no tendría fin. Podríamos hablar de países donde rara es la mujer que no ha sido violada, o de las numerosas culturas (incluída la nuestra) que considera impuras a las mujeres (bien siempre, bien especialmente cuando tiene la regla).
La mayor parte de estos aspectos podrían ser rebatidos como cuestiones culturales que la propia mujer acepta. No voy a entrar en el debate si burka sí o no, o tonterías similares. El problema está en que buena parte de la población femenina mundial no tiene un acceso libre a la educación, la salud y el trabajo. En muchísimos países tienen que presentar el permiso de sus padres, tutores, hemanos o maridos para poder llegar a algo tan básico como estos tres recursos, y los tres son necesarios para vivir.
Si a los países se les exige cumplir los derechos humanos, entre ellos tiene que situarse el primero que todas las mujeres, en cualquier punto del planeta, no puedan acceder a la educación, la salud y el trabajo sin restricciones. Con mujeres formadas, que puedan vivir en condiciones dignas sanitariamente hablando, y que puedan obtener dinero (= independencia) como ellas decidan, el mundo no será el mismo que conocemos. Pero eso un país no lo cambia porque sí. La forma de conseguir que esto fuera realidad es hacer que la comunidad internacional lo exija a los países que no lo cumplen cuando piden formar parte de un organismo (véase la ONU, la UE, el FMI, el G-20, la Unión de Países asiáticos, americanos, africanos, etc). ¿Os podéis imaginar cómo sería el mundo con mujeres educadas, sanas y con acceso al dinero por sí mismas? ¿os habéis imaginado alguna vez un mundo en igualdad para los dos sexos?
Por eso, desde esta mini silla que me da Internet, como si fuera una mafalda con menos pelo, le digo a quien manda, que ya vale de tanto observatorio, casa de la mujer, ministerio de igualdad y su puta madre. Por favor, hay muchas cosas que hacer por la mayoría de la humanidad. Pónganse manos a la obra.
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