sábado, 21 de mayo de 2011

SÓLO UNA SEMILLA

Un buen día, un químico sueco descubrió la dinamita. Se llamaba Alfred Nobel, y gracias a su invento se hicieron grandes avances en ingeniería. La patente le hizo millonario, mucho más cuando los ejércitos lo adaptaron para matar. Su cargo de conciencia por ello llevó a Nobel a crear unos prestigiosos premios que son conocidos a nivel planetario, y que han ayudado a prosperar a muchas causas perdidas, investigaciones, y obras artísticas.

En Inglaterra, antes de que acabara 1952, la empresa Ferranti, organizó una fiesta de navidad, como todos los años. Allí se conocieron dos trabajadores, Conway Berners y Mary Lee. Ambos eran matemáticos y estaban poniendo en marcha los primeros ordenadores del mundo. Pero eso no fue lo mejor que hicieron juntos.